Descripción del proyecto

Nunca el Miserere tuvo una función más complaciente más allá de la espiritual. Que un salmo exculpatorio de culpa, enunciado con cierta calma, marque el tiempo que debe estar una bolsita del mejor té en tetera de Sevres, indica el punto de partida a un ceremonial sin igual, Tea at the Foyer, con música de arpa y fluir del Támesis frente a tus ojos; llueve y cae la tarde.

Porque este es el Savoy, el único de los grandes hoteles de Londres que mira al río siempre con su bandera inglesa ondulando arriba, allá en Embankment. Mirado siempre de frente, desde Aldwych, viendo circular los coches por la derecha, sólo en su entrada imperturbable con letrero de acero inoxidable uniendo los dos lados del Savoy Court. Fluir continuo de personas, ambiente West End siempre imaginado por D’Oyly Carte quien de la mano de las óperas Gilbert y Sullivan se hizo un visionario agente teatral y supo culminar un lugar de culto hoy muy respetado en Londres desde sus inicios a finales del Siglo XIX cuando el Fiscal General de Inglaterra reprochaba a Oscar Wilde la celebración de encuentros sexuales múltiples con rastro incluso de manchas y demás en sábanas, nada menos que en un establecimiento de primera, con declaración conjunta de personal de servicio incluido en la Supreme Court del Reino Unido. Del Savoy a la prisión de Reading, del cielo al infierno.

Cansado de Londres; cansado de la vida, es la descripción esencial de una ciudad perfectamente dibujada por la genialidad de un Monet esencial dando vida al puente de Charing Cross con un smog increíblemente definido dando cobijo a un hotel sencillamente maravilloso.

Marilyn describió el placer de dormir y despertar en el Savoy en su primera estancia antes de inaugurar “El Príncipe y la Corista”, aún bajo el influjo de Arthur Miller, tan opuestos ellos como el blanco y el negro, antes de caer ella en la red de seducción e influencia de su senador de Boston. Todo tenía cabida en el Savoy pero no la tuvo el Swingin London, de ideología diametralmente opuesta a los postulados conservadores de un establishment que incluso veía a los cuatro amigos del Mersey como una amenaza global, mágicos años de cambio en los Sixties londinenses y epicentro en el Palladium.

Magnífico el Savoy, glamour y más glamour, con ascensor con laca china y personal con librea descubierta que abre la puerta del elevador y te ubica en su asiento de terciopelo. O lo tomas o lo dejas, esto es milla cero del British Style (Mayfair va aparte), esto es Aldwych, el West-End, el Támesis y Covent Garden. Es el corazón del Strand, es el corazón de Londres.