Descripción del proyecto

HOTEL FORMENTOR

     Dan las seis, sintonizo a los Stones, recuerdos del pelo largo, viejos blues, queridísimo Eric Burdon…

Es sencillamente la mejor canción de Burning, reflejo Movida de una época sin igual e inspiración de estas líneas que empiezo a esbozar tras despertar con esta canción precisamente a las seis de la mañana de un día cualquiera de Navidad en radio.

Me pongo a pensar sin una razón lógica en Mallorca, enunciar su nombre me provoca una sensación de felicidad compulsiva, cada vez que voy es mejor que la anterior y la isla me parece un paraíso celestial. He estado cinco veces en Mallorca, la primera vez que estuve allá tenía 23 años y fui solo. Por supuesto que estuve en Formentor, fue Enero y aquello fue para mí una visión distinta de ese prodigio natural, claro que divisé el Hotel, lo conocía bien pero estaba cerrado por temporada, en la bahía estábamos algunos pájaros y yo y el sonido del silencio era sobrecogedor. Anonadado, no tardé mucho en volver, sólo seis meses, estuve en Mallorca una semana y regresé maravillado, desbordado. Formentor me enseñó su mejor versión, estuve en este hotel que me pareció sublime y me di en la bahía uno de los tres mejores baños de mi vida, ensimismado por una belleza que yo creo que no llegué a asimilar bien.

Treinta años después regresé a Formentor, la magia de Es Colomer seguía intacta y el paisaje seguía inalterado, el hotel en su sitio, decoración años 30 como debe ser, sencillez de líneas y eso es lo que hay, me encuentro absolutamente perdido y loco por Mallorca, es algo absolutamente genético, ya a mi abuelo le pasaba, sinceramente me siento un ser absolutamente afortunado y fascinado por disfrutar cada minuto que he pasado en Formentor.

Fue la fantasía de un poeta, fue el sueño de Adán Diehl, argentino y experto en leyes quien en los albores del siglo XX con toda su vida por delante se siente como un joven que tiembla ante la inmensidad de sus sueños, que cierra sus ojos y se ve en el París de Folies Bergère y Moulin Rouge. Marcha a París en 1912 y se reúne con los intelectuales de la vieja Europa. Herido de glamour, regresa a la Argentina pero casualidades de la vida, vuelve a París enviado por La Nación como cronista político para cubrir en su integridad la guerra iniciada en Sarajevo en 1914. Sí, aun a pesar de los tiempos de la I Guerra Mundial, Diehl es feliz y su adinerada posición le permite codearse con una élite de intelectuales que le permiten ampliar su visionaria perspectiva.

El conocimiento del pintor Anglada Camarasa en París fue esencial en su vida, la inspiración de la visión del cuadro “Formentor tras la tormenta” fue determinante, el cuadro supone un remanso de paz para Diehl en un mundo que se cae a pedazos tras la Primera Guerra Mundial y en esas, con un ímpetu desmedido, marcha a Mallorca donde llega en Invierno de 1921 a la edad de 32 años, un tipo soñador y cultivado que siendo rico y sabiendo vivir como tal, fue al norte de la isla y se ubicó por unos días en la bahía de Pollença.

Mi primera experiencia tras visitar Pollença y su bahía vino a mi edad temprana de 24 años, hay experiencias seguramente para las que hay que estar bien preparado y yo no lo estaba, realmente me desbordó la mejor de las emociones que puede sufrir un buen viajero, una sensación de debilidad y grandiosidad comparable solo a la primera vez que visité París, la ciudad. Adoro Pollença, es todo, es sublime.

Desde Pollença embarcó Diehl a Formentor y tras su llegada, fue dicho y hecho, terminó comprando un terreno grandioso de 1.200 hectáreas, Diehl compró Formentor y decidió construir un hotel con un considerable esfuerzo, todos los materiales se servían por mar, no encontró agua en el terreno y el esfuerzo fue más que considerable. La carretera se inauguró años después de estar construido el hotel para darle precisamente sentido a su emplazamiento.

No tengo un criterio fundado para conocer si Deià supone en esencia un conjunto real o es una realidad divina proyectada para disfrute del ser humano. La inspiración de vivir en Deià y el establecimiento de residencia posterior en Pollença, fue bagaje inspirador suficiente para que Felipe Bellini construyese el entorno paisajístico idóneo en el hotel y diese vida a la segunda escalera más bonita que hay en el mundo, después de la de Spagna. Inspirado en el estudio de los parques y jardines de París por encargo de la Universidad de la Plata (menudo encargo…¡¡), el Ingeniero Agrónomo llegó desde Argentina al centro del mundo. La relación con Anglada Camarasa hizo lo siguiente.

El Hotel se inauguró en 1929, fue un despilfarro de buen gusto con vajilla de Limoges y mantelería bordada a mano en su inauguración con servicio impecable que comenzó en los jardines diseñados por Bellini. Ya está el hotel construido, es la realización de un sueño. Al otro lado del Atlántico, la gran depresión estalla y el primer gran crash bursátil mundial aparece en Nueva York. Las reflexiones de Galbraith, el mejor estudioso de la Gran Depresión al respecto, seguramente poco tenían que ver con los locos ideales de un Diehl ensimismado en la literatura, las disciplinas artísticas, la filosofía y la cultura, bendita locura.

Inaugurado el hotel, con un enclave tan privilegiado como orográficamente complejo, hay que dar salida al aspecto comercial del hotel. Que sueño tan increíble el construir un hotel en un lugar sin apenas vehículos a motor, con un acceso imposible y que su primer reclamo fueran sus “Conversaciones culturales”, sí, en realidad, el Hotel Formentor era el epicentro de la cultura en España al inicio de los años 30. Tan es así que el hotel se quedó pequeño recién inaugurado y de hecho hubo un proyecto de ampliación esbozado por Le Corbousier en unos trazos maravillosos; “Bañistas en la playa” que luego extrapoló a su obra en Río de Janeiro ya que siempre pensó que lo más parecido al Pan de Azúcar estaba allí en Formentor. Lugano aparte, coincido en tal apreciación.

Sí, en efecto, todo era cambiar para él pinos por palmeras, arena en un sitio y en otro, en ningún caso asfalto; el mosaico blanco y negro de la Avenida Atlántica de Copacabana no se inaugura hasta 1970 y por tanto es el paralelismo maravillosamente reflejado por la copla de Carlos Cano entre Cádiz y La Habana, es sin copla, Río y Formentor.

Le Corbousier, padre del racionalismo europeo, amó para siempre Formentor en sus distintas estancias. Su arquitectura no iniciada en Formentor pero sí proyectada en Brasil no supone problema alguno. Es tiempo de vanguardia, es tiempo de visitar el Pabellón de Alemania de su colega Mies Van der Rohe en la Exposición Internacional de Barcelona celebrada en 1929 en Montjuic. Son tiempos de cambio; Formentor vuela a Río.

Todo desarrollo intelectual es escaso, nos vamos a la “Semana de la Sabiduría”, fuente de inspiración y reflexión, tertulianos de Buenos Aires residentes en París amigos de Diehl, pensadores parisinos de la época y el eje dominante del mejor pensador que ha dado España en el Siglo XX, es Ortega y Gasset en Formentor dando sentido a la sociedad-masa y al hombre-masa. Ni Ortega es para cualquiera ni el Hotel Formentor tampoco. Referente mundial de la Filosofía Contemporánea, ya en 1929 hizo una crítica elegante y no selectiva de los dos conceptos referidos; que pensador, que hotel…

     “Las ciudades están llenas de gente. Las casas, llenas de inquilinos. Los hoteles, llenos de huéspedes. Los trenes, llenos de viajeros. Los cafés, llenos de consumidores. Los paseos, llenos de transeúntes. Las salas de los médicos famosos, llenas de enfermos. Los espectáculos, como no sean muy extemporáneos, llenos de espectadores. Las playas, llenas de bañistas”.

Me parece sublime el “Joie de Vivre” que siempre inspiró a Diehl, es esa inspiración genial de llenar Austerlitz, la Gare de Lyon y todas las estaciones de tren de Francia con posters hoy vintage del Hotel Formentor. Es esa locura de intentar proyectar la publicidad en la Torre Eiffel del hotel, tristemente evitada por Citroën. Es la locura de anunciar a diario la temperatura del agua de Formentor en el Boulevard de la Madeleine en París. Es la locura casual que Rue Cambon haga esquina con el referido Boulevard y que la dueña del maravilloso edificio dieciochesco del número 31 fuese entonces un exponente icónico de la Haute Couture; es entonces cuando Coco Chanel invadida por una curiosidad sin igual de lo que sucedía en Formentor, visita el hotel y da el visto bueno al Pantalón Palazzo, “pantalón que refleja el estilo icónico y avanzado del hotel”, en definitiva, es el Pantalón Formentor, realmente es estremecedor ver los bocetos de la época con la bahía al fondo, es increíble; es Mademoiselle Chanel en esencia pura, quien dio vida a los trajes de chaqueta negros, a los bolsos acolchados y a las cazadoras combinadas con brillantes. El negro como fuente de inspiración colorista, aun siendo el color más caro a la hora de trabajar en un proceso industrial textil, es el perfume número 5 y su irresistible leyenda, es morir en Le 1 Place Vendôme, es morir simplemente en el Ritz.

De la época me interesan las reflexiones políticas de Sir Winston Churchill quien no habiendo entrado aún en el gobierno inglés, mostraba en 1935 en Formentor sus recelos al cónsul británico en Mallorca acerca del dominio de Hitler en Alemania. Sus inquietudes y perspectiva acertaron de lleno en el triste proceso bélico posterior iniciado en la maravillosa Danzig.

Toda historia tiene un lado triste y ésta la tiene igualmente. Adán Diehl no pudo soportar la presión financiera de la Banca Tourking y el hotel lo perdió a finales de los años 30, hubo de regresar a Argentina en tercera clase y sin un céntimo en los bolsillos, pienso que Mallorca no ha homenajeado a Diehl como merece. A nivel de sueños, no hay una historia como esta ya que la historia de Marbella Club y Alfonso de Hohenlohe es posterior en el tiempo y con unos tiempos que no eran los de la década de los 20 por muy años dorados que fuesen. A nivel paisajístico y coetáneo del tiempo, sólo el Hotel La Gavina en S’Agaró resiste el paso del tiempo sin la reforma que Four Seasons promete y de la cual saldrá el complejo más espectacular del Mediterráneo en Formentor, quedamos a la espera.

Transcurridos los periodos bélicos en España y en el mundo, el hotel va pasando por distintas manos de entidades financieras y hay un cierto vacío de contenidos en su faceta social y sobre todo cultural pero el Hotel Formentor se vuelve a poner en el mapa en primavera de 1956; con todo a favor y regentando la Société des Bains de Mar, Rainiero de Monaco y su hermosa mujer rubia Hitchcock de Filadelfia pasaron una luna de miel de 15 días en el sueño de Diehl, ya es raro o desde luego que no, que pudiendo fondear en Antibes, Cap-Ferrat, Saint Tropez o Roquebrune-Cap Martin, su destino fuese Mallorca y Formentor, la publicidad a base de telégrafo y cartel de tiza en alto en el Boulevard de la Madeleine llegó donde tenía que llegar.

¿Desayunamos en Tiffanys o en Formentor? Fue fascinante el recuerdo que se hizo en el hotel al 80 cumpleaños del nacimiento de Audrey Hepburn en recuerdo a su estancia en los 80, espectacular desayuno mallorquín con exquisita flor de tulipán blanco siempre deseada por la musa de Givenchy y guiño a Moon River al piano o en excepcional cha-cha-cha.

No hay mayor espectáculo de la naturaleza que más me sobrecoja que un arco iris perfecto, completo, es un deleite para mi vista. Ya es mala suerte que Judy Garland falleciese días antes de ir al Hotel Formentor, la magia del Mago de Hoz y “Over the rainbow” seguramente hubiesen inspirado a la naturaleza, claro que sí.

Por ir concluyendo, tras una estancia en Formentor este último verano, me pongo a leer tres meses después a Eduardo Mendoza, por aquello de disfrutar de su obra, siempre brillante. Comienzo a leer  “El rey recibe” y según abro el libro leo…

     “Pollensa, 14 de Julio (crónica telefónica de nuestro enviado especial Rufo Batalla).- Bajo un cielo resplandeciente y junto a una playa paradisiaca bañada por el mar, se ha celebrado la suntuosa boda del heredero de una de las mas antiguas realezas de Europa con una bella señorita y adinerada familia de la aristocracia inglesa. Antes de entrar en detalles acerca de los contrayentes, cabe destacar el hecho de que hayan sido ellos mismos quienes eligieron para contraer matrimonio el marco incomparable de Mallorca y más concretamente del Hotel Formentor…”

Lo que yo decía, me persiguen los genes de mi abuelo y mi amor desenfrenado por Mallorca. A mayor abundancia y es evidente, me persigue la magia del Hotel Formentor dondequiera que me encuentre. Me queda, como pensó Rufo Batalla en la obra, ir caminando de Pollença a Formentor, en el caso de Rufo era por no disponer de dinero para un taxi, en mi caso, es por ascender a Es Colomer, oler a pino y descender al paraíso de un lugar mágico e inolvidable.