Descripción del proyecto

Efluvios de eterna belleza anclados en la Baisee Corniche recogen la joya de la Côte D’Azur, no ubicada en Cannes, ni en Niza, ni en la opulenta Montecarlo ni en la colorida Menton, ni siquiera en la mítica Saint Tropez, o en los inmensos refugios de Antibes, sólo será en el refugio peninsular de Cap Ferrat.

Dorados años veinte, Chemin de Fer en Montecarlo tras cena en vajilla de oro en Le Louis XV, hoy inspiración Ducasse y otrora, anocheceres mágicos sobre los acantilados del casino. Hotel blanco, inmaculado, con piscina de inspiración cubista y la sombra ineludible de Francis Scott Fitzgerald de “Suave es la Noche”, vuelta al hogar.

Grand-Hôtel Du Cap-Ferrat siempre te acogerá con su funicular y jardines de ensueño, lugar de culto para quien solo ama el color azul mediterráneo (nunca bleu) que inspiraba siempre a Pablo el malagueño como se conocía en la Riviera a aquel menudo hombre universal que dormía entre flores de lavanda en la montañosa Mougins de Provence y que aprendió a nadar en la alargada piscina del hotel orientada a la entrañable Villefranche con visión prolongada a la cúpula rosada del hotel del acaudalado rumano que dio nombre al emblemático establecimiento de Promendade des Anglais, refugio de la acaudalada burguesía londinense e inglesa de Hampshire que no gustaba de aquel Brighton de frías aguas donde sólo quedaba jugar a cricket en detrimento de la inmejorable Baie des Anges de una “british Nice” entonces en auge. Un casi inexistente Principado esperaba ya a la más famosa rubia (siempre rubia) de inspiración Hitchcock y de origen Filadelfia bien inmortalizada atrapando a un ladrón a todo lo largo de la Croisette con “In the Mood” siempre sonando ya en los 50 en esos felices bailes que hicieron olvidar un pasado bélico para siempre.

Pinos más bonitos que los de Juan-les-Pins, Belle Epoque blanca inmaculada, esencia veinteañera de aquellos dorados años 20 y un azul azûr solo más bello aún que el que describió el Noi del Poble Sec de Algeciras a Estambul.